Cada segundo, millones de sensores, cámaras y dispositivos conectados generan datos en fábricas, vehículos, redes eléctricas y ciudades enteras. Durante años, el modelo dominante fue enviar toda esa información a la nube para procesarla. Era cómodo, pero cada vez menos sostenible. El volumen de datos crece más rápido que el ancho de banda disponible, y muchas decisiones, desde frenar un vehículo...

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