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Muchos de los lectores, habrán oído hablar de una película que actualmente está en cartelera y que se llama El ojo de la tormenta. Cuenta la historia de un pequeño pueblo del medio oeste americano, que sufre el paso de varias tormentas, tornados y enormes huracanes. Para aquellos que piensen que están en un post equivocado y que esperaban leer sobre tecnología, pueden seguir leyendo. Es un post sobre tecnología (aunque no lo parezca, aún), como veremos más adelante.  Pero el otro día, mientras veía la película me di cuenta de algunos detalles que me recordaron algunas características sobre el negocio de routers en el que nos movemos.

La película no ofrece nada nuevo. Y menos para aquellos de nosotros que vimos Twister en los 80, una muy similar en los 80, que entre otras cosas tenía una imagen de una vaca volando que la mayoría recordamos. Lo interesante es que esta vez la película la vimos en experience mode.  Lo que quiere decir que el cine había sacrificado la mitad de la sala para instalar unos ventiladores enormes equipados con vaporizadores de agua que estaban coordinados con las imágenes de la película.  Así, cuando los personajes sufrían los rigores de la tormenta, el sistema ponía en marcha los ventiladores y un fuerte viento cargado de gotas de agua llegaba hasta el público. Dado que el principal hilo conductor de la película es la repetición de escenas muy similares, cuando las luces se encienden el público está helado y mojado. Es posible que haya gente que esté convencida que esto es una buena idea, pero bajo nuestro punto de vista, no estamos muy convencidos de que así sea. Veamos por qué.

Para empezar, y contrario a lo que pudiera parecer, este sistema no ayuda en absoluto a introducirse en la película. Uno está mucho más preocupado por cuándo se van a poner en marcha los ventiladores, la fuerza del aire, la cantidad de agua y otras cosas que poco tienen que ver con historia que cuenta la película (por simple que sea).  Y al final, lo único que se quiere es que se termine cuanto antes para salir corriendo a por una toalla y algo caliente. Por otra parte, el cine tuvo que sacrificar la mitad de las entradas de la sala e invertir en crear un sistema que a los clientes puede gustarles o no, pero que además no supone una mejora significativa en la experiencia de ver la película. Y finalmente, la entrada es más cara. Así que muchos de los clientes seguramente, preferirán ahorrarse el dinero.

Y aquí es donde volvemos a nuestro negocio de routers (sí, este es un post sobre tecnología). Para empezar, y citando el título de la película, es exactamente donde nos encontramos: En el ojo de la tormenta. Temas como NFV, SND, seguridad o movilidad, van a traer cambios muy importantes en la forma en la que los operadores consideran las redes de acceso. Pero además de juegos de palabras obvios, veamos donde están las similitudes entre un fabricante de tecnología y la experiencia  del cine.

  • Eficiencia: Las necesidades generales de los clientes, en lo que se refiere a equipamiento de red, son bastante conocidas. Muchos fabricantes llenan sus equipos de funciones que los clientes no necesitan, y que solo consiguen sobrecargar la capacidad del equipo y disminuir el  rendimiento de aquellas que el cliente necesita y por las que paga.  Exactamente como en la película, en la que la historia pierde todo el interés que pasa a la tormenta interna artificial.
  • Inversión: Cuando un fabricante diseña un roadmap de producto, el retorno de la inversión es uno de los puntos claves. Y por tanto, se invierte en desarrollar funciones que demanden la mayoría de los usuarios, o funciones que tengan una demanda clara por parte de un nicho de mercado o de clientes especiales. De otra forma, la inversión es inútil. Durante toda la película, el pensamiento recurrente era: Y aparte de para una película de huracanes, ¿para qué puede ser útil esta inversión en infraestructura? Porque tiene una reutilización muy complicada para cualquier otro tipo de películas (o al menos para un número muy reducido de ellas).
  • Precio: ¿Está el cliente preparado para pagar un precio extra por lo que se ofrece?  Vivimos en un mundo en el que los presupuestos se recortan cada día. Y los clientes tratan de ahorrar cuanto pueden en aquellos aspectos que no son realmente necesarios. ¿Es razonable cobrar un extra (y arriesgarse a que el precio esté fuera de mercado) por funcionalidades que el cliente no necesita o  que quizá no aprecie?

Como se ve, no encontramos la película muy interesante (ni con ventiladores, ni sin ellos), pero llegamos a la conclusión de que quizá tiene sentido prescindir de algunas funcionalidades atractivas, y llamativas y marketeables  que de cara al cliente sólo sirven para aumentar los costes y sin embargo no aportan una solución mejor a lo que buscan (que en este caso, obviamente, era ver una buena película).

Esto es lo primero que tenemos en cuenta en Teldat cuando diseñamos nuestros equipos. Cómo resolver las necesidades de los clientes al menor precio posible.  Y para ello, lo primero que hacemos es descubrir qué es lo que buscan y qué es lo que quieren. Y enfocarnos en ello, sin añadir adornos que nos permitan cobrar un precio mayor, pero que no aporten un valor significativo. Esto es lo que en Teldat llamamos Competitividad. Y es una de nuestras mayores fortalezas.

 


Sobre el autor

Lola Miravet
Directora del Departamento de Marketing Corporativo

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